España protegió y promocionó las lenguas indígenas
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La idea de que el idioma español desplazó a las
lenguas indígenas en México exclusivamente por “el colonialismo español” es una
simplificación histórica bastante pobre.
De hecho, durante buena parte del Virreinato de
Nueva España ocurrió casi lo contrario de lo que muchos imaginan hoy.
La Corona española y la Iglesia utilizaron
extensamente lenguas indígenas como el náhuatl, maya, mixteco, otomí o
purépecha para evangelizar, administrar y gobernar. Durante siglos, enormes
sectores de la población indígena siguieron hablando sus propias lenguas.
Incluso el náhuatl funcionó como lengua franca regional en partes importantes
del virreinato.
Felipe II llegó a ordenar en 1570 que el náhuatl
fuese lengua oficial administrativa para numerosos territorios de Nueva España.
Los misioneros aprendían lenguas indígenas, escribían gramáticas y
diccionarios, y muchas comunidades mantuvieron una autonomía lingüística
considerable.
Paradójicamente, el gran impulso uniformizador
hacia el español llegó mucho más tarde, sobre todo con el México independiente.
El Estado nación mexicano del siglo XIX necesitaba
centralización, burocracia, ejército, educación pública y una identidad
nacional homogénea. Ahí el español pasó de ser una lengua importante a
convertirse progresivamente en herramienta de construcción nacional.
Los liberales del siglo XIX, y después el Estado
revolucionario del siglo XX, impulsaron una fuerte castellanización mediante la
escuela pública, el servicio militar, la administración centralizada y la idea
de “mexicanizar” a las poblaciones indígenas.
Especialmente tras la Revolución Mexicana, el
indigenismo oficial muchas veces no buscaba preservar plenamente las lenguas
originarias, sino integrar a los indígenas en una cultura nacional
hispanohablante. La famosa consigna implícita era: incorporar al indígena al
Estado moderno mexicano.
En otras palabras: el mayor proceso de sustitución
lingüística no vino tanto del imperio multinacional español, sino del nacionalismo
moderno y centralizador del Estado mexicano posterior.
Eso no convierte al Virreinato en un paraíso
multicultural ni absuelve dinámicas de poder coloniales. Claro que hubo
jerarquías, presión cultural y expansión del español. Pero históricamente, quien
más avanzó en la homogenización lingüística fue el proyecto de Estado nación
moderno.
La ironía es enorme: muchos zurdos nacionalistas
actuales denuncian al “imperio español” mientras defienden precisamente el
modelo jacobino y centralizador que terminó debilitando muchas lenguas
indígenas mucho más rápido que durante siglos de Nueva España.
El Virreinato español creó y conservó la gramática del
náhuatl (1547), el quechua (1560), el aymara (1603), el mapuche (1606), el
tagalo (1610), el guaraní (1639), el maya (1684) y docenas más.