España protegió y promocionó las lenguas indígenas

 


España protegió y promocionó las lenguas indígenas

Hispanos sin Complejos

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Jesús Antonio Zapa

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La idea de que el idioma español desplazó a las lenguas indígenas en México exclusivamente por “el colonialismo español” es una simplificación histórica bastante pobre.

De hecho, durante buena parte del Virreinato de Nueva España ocurrió casi lo contrario de lo que muchos imaginan hoy.

La Corona española y la Iglesia utilizaron extensamente lenguas indígenas como el náhuatl, maya, mixteco, otomí o purépecha para evangelizar, administrar y gobernar. Durante siglos, enormes sectores de la población indígena siguieron hablando sus propias lenguas. Incluso el náhuatl funcionó como lengua franca regional en partes importantes del virreinato.

Felipe II llegó a ordenar en 1570 que el náhuatl fuese lengua oficial administrativa para numerosos territorios de Nueva España. Los misioneros aprendían lenguas indígenas, escribían gramáticas y diccionarios, y muchas comunidades mantuvieron una autonomía lingüística considerable.

Paradójicamente, el gran impulso uniformizador hacia el español llegó mucho más tarde, sobre todo con el México independiente.

El Estado nación mexicano del siglo XIX necesitaba centralización, burocracia, ejército, educación pública y una identidad nacional homogénea. Ahí el español pasó de ser una lengua importante a convertirse progresivamente en herramienta de construcción nacional.

Los liberales del siglo XIX, y después el Estado revolucionario del siglo XX, impulsaron una fuerte castellanización mediante la escuela pública, el servicio militar, la administración centralizada y la idea de “mexicanizar” a las poblaciones indígenas.

Especialmente tras la Revolución Mexicana, el indigenismo oficial muchas veces no buscaba preservar plenamente las lenguas originarias, sino integrar a los indígenas en una cultura nacional hispanohablante. La famosa consigna implícita era: incorporar al indígena al Estado moderno mexicano.

En otras palabras: el mayor proceso de sustitución lingüística no vino tanto del imperio multinacional español, sino del nacionalismo moderno y centralizador del Estado mexicano posterior.

Eso no convierte al Virreinato en un paraíso multicultural ni absuelve dinámicas de poder coloniales. Claro que hubo jerarquías, presión cultural y expansión del español. Pero históricamente, quien más avanzó en la homogenización lingüística fue el proyecto de Estado nación moderno.

La ironía es enorme: muchos zurdos nacionalistas actuales denuncian al “imperio español” mientras defienden precisamente el modelo jacobino y centralizador que terminó debilitando muchas lenguas indígenas mucho más rápido que durante siglos de Nueva España.

El Virreinato español creó y conservó la gramática del náhuatl (1547), el quechua (1560), el aymara (1603), el mapuche (1606), el tagalo (1610), el guaraní (1639), el maya (1684) y docenas más.

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