Más
de un millón de refugiados han llegado a Alemania desde 2015.
El 1,5% de
cristianos son discriminados y acosados.
Más de un millón de refugiados han llegado a
Alemania desde 2015, huyendo de las guerras y el terrorismo en Siria, Iraq,
Afganistán o Libia. El 97% son musulmanes,
y entre un 1 y un 2% cristianos.
La canciller Angela Merkel dijo en septiembre
que no quiere dar ventaja a los refugiados cristianos sobre los
musulmanes. “Nuestro sistema de valores reconoce la libertad religiosa y eso
significa que no diferenciamos entre personas de creencias cristianas o
musulmanas”.
Cuatro organizaciones de derechos humanos denunciaron
este lunes en Berlín la situación de los refugiados cristianos en los centros
de acogida de Alemania.
La agresión y el acoso por motivo de su
religión son habituales en los albergues, ante la inacción de las autoridades.
La ONG Open Doors Deutschland dio a conocer un informe basado en 743
entrevistas con víctimas de agresiones físicas, abusos sexuales y amenazas de
muerte contra ellos o sus familiares en los países de origen.
En el 90,7% de los casos, las agresiones fueron
cometidas por otros refugiados, y en un 28%, también por el personal de
seguridad. El 17% de las víctimas presentó una denuncia ante la Policía y el
22% lo hizo ante la administración del albergue. La Policía no hizo nada en el 52% de las denuncias, y la gerencia de
los centros se inhibió en el 71%.
La situación en los centros de acogida en
Alemania es inconcebiblemente dramática, pero no es percibida así por la
opinión pública.
A juzgar por los datos de las ONG, el Gobierno
de la señora Merkel está llevando este principio de neutralidad religiosa al
extremo de dejar que en los albergues rija la ley de la selva contra los más
vulnerables.
Si no llegan más cristianos es porque no son
bienvenidos allí donde buscan seguridad: ni en los campos de refugiados de la
ONU en Jordania, de donde huyen por miedo a los abusos, ni en los
albergues gubernamentales de Europa, a donde llegan en busca de seguridad para
descubrir que también aquí son perseguidos por su fe.
Los datos conocidos este lunes muestran la
injusticia de estos “otros” refugiados de los que casi nadie habla. Quizá las
iglesias cristianas de Europa y otras organizaciones de la sociedad civil
podrían hacer algo más para denunciarlo, para presionar a los gobiernos y para
acoger por sí mismas a quienes las autoridades no son capaces de dar cobijo y
seguridad.
Si los cristianos que sufren persecución no son
bienvenidos en Europa, ¿dónde encontrarán refugio?
Una vez más,
Europa parece que quiere ignorar la intolerancia islámica, o se avergüenza de
su cultura cristiana.
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